La ermita de San Gregorio se encuentra en el extremo noroeste de la Villa, muy cerca de la entrada del pueblo desde la ciudad de Mérida. Está ubicada en su calle homónima, cercana al camino de subida al castillo. Su construcción parece datar de entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, y evidencia, en su aspecto, numerosos procesos de reparaciones y arreglos.

El edificio, tras su desacralización, pasó a ser propiedad privada, utilizándose como lagar o bodega. En estos últimos años el Ayuntamiento lo adquiere mediante compra y realiza un proceso de rehabilitación, para convertirlo en un edificio destinado a albergar actividades culturales. La ermita es una edificación de reducidas dimensiones, formada por una única nave, de cuerpo alargado con bóveda de cañón y medio punto y dos series laterales de hornacinas. Este cuerpo está separado, mediante arco de medio punto sobre pilar y adosado a la cabecera, a su vez, se resuelve en una cúpula de media naranja sobre pechinas, con hueco central superior para la iluminación.

Curiosidades: Tras varios e ineficaces arreglos y reparaciones del templo original en 1726 comenzó la construcción de una nueva ermita, con un presupuesto de 4400 reales, pero sólo cinco años más tarde se le reclamo a Juan González, arquitecto del trabajo, que devolviera el dinero a la ermita, porque estaba en ruinas.

En 1786 y por amenaza de ruina se reedificó con ayuda económica de las cofradías de San Francisco, San Antonio y San Marcos.

Fue rehabilitada en varias ocasiones, y se habilitó para enterramientos en 1820 y tras su desacralización pasó a propiedad privada.