En la antigua Roma se distinguían las termas públicas como lugares de ocio para el baño de placer, de los establecimientos termales dedicados al restablecimiento de la salud.

El mundo romano aprovechó en gran manera las propiedades medicinales que estas aguas brindaban, explotándolas de forma racional y con excelentes resultados. Durante su dominación en la Hispania, Roma aprovechó estos manantiales termales, y algunos de ellos, todavía se mantienen vigentes, como es el caso de Alange.

Algunos autores como Plinio el Viejo llegó a dar por primera vez una clasificación de las aguas según sus propiedades. Y se sabe también que médicos de la civilización greco-romana como Hipócrates, o Galeno, aplicaban el agua como elemento terapéutico con excelentes resultados. Los enfermos curados o aliviados de sus males agradecían a la divinidad ofreciendo exvotos e inscripciones.

Grabado de Alexandre de Laborde (1808)